Samira Yareth Alvarez Valenzuela
Palabras de nuestra Samira: "La viejejita (nuestra abuela Pragedez) nos dejó muy buenas enseñanzas y sobre todo que a pesar de las pérdidas familiares, problemas, problemas de salud, etc., hay que vivir la vida siempre felices y sonrientes. Pero que la música nunca nos falte, porque nos dejó muy claro que con la música se cura cualquier cosa".
No se puede mencionar el nombre de Samira Álvarez sin que vengan a la mente de quienes la conocieron un sinfín de recuerdos: momentos llenos de alegría, ocurrencias, largas conversaciones y experiencias que quedaron grabadas para siempre en el corazón. Era una persona alegre, bailadora, divertida y siempre llevaba una gran sonrisa. Su risa era tan contagiosa que parecía escucharse hasta la otra cuadra. Bastaba con saber que Samira estaría en algún lugar para estar seguro de que habría buen ambiente, risas y mucho baile. Por eso, con mucho cariño, se ganó el apodo de "La Loca".
Pero Samira no solo era el alma de cualquier reunión. Cuando se trataba de momentos difíciles o de ayudar a alguien, siempre estaba presente para tender la mano. Fue una persona muy servicial, dispuesta a apoyar a quien lo necesitara, ya fuera dando un "raite", acompañando a alguien o simplemente escuchando y compartiendo una conversación.
Desde pequeña fue muy traviesa; su familia la recuerda con cariño como una niña "cabroncita" o "desmadrocita". Nunca le llamaron la atención las muñecas; prefería jugar a las canicas, los trompos y los carros. Desde su infancia demostró un fuerte sentido de la justicia y un carácter valiente: nunca se quedaba callada cuando consideraba que algo no era correcto.
A Samira nunca le gustaron los accesorios como aretes, pulseras o joyería. Siempre prefirió la sencillez y la comodidad, fiel a su forma auténtica de ser.
Ya en su etapa de juventud, comenzó a trabajar en El Chicural. Más adelante decidió trasladarse a Tijuana, donde trabajó durante aproximadamente seis meses en el cuidado de los jardines de un templo mormón. Posteriormente regresó a su tierra e ingresó a trabajar en BPG del Campo 60.
Samira tuvo la oportunidad de conocer lugares como Veracruz y Chihuahua, donde también dejó huella y fue muy querida. A lo largo de su vida cultivó innumerables amistades y fue apreciada por muchas personas. Ese cariño quedó demostrado hasta el último de sus días, cuando familiares, amigos y conocidos se unieron para brindar su apoyo y hacer posible que descansara en paz en su pueblo natal, además de acompañarla con innumerables muestras de afecto durante su despedida.
El deporte también ocupó un lugar muy importante en su vida. Fue una gran jugadora de fútbol y formó parte de los equipos Las Diablas y Las Leonas. Más adelante compartió esa pasión con las nuevas generaciones al desempeñarse como entrenadora de la categoría varonil y mixta 2010 del Atlético Soñadores San Ignacio. Disfrutaba profundamente convivir con sus compañeros y compañeras de equipo y siempre se distinguió por su entusiasmo y actitud positiva.
Sin duda, uno de los mayores amores de Samira fueron sus sobrinos y sobrinas. Siempre buscaba hacerlos felices, ya fuera llevándolos a pasear en moto o invitándolos a dar una vuelta en el carro que estuviera conduciendo. Ellos tuvieron el privilegio de contar con una tía extraordinaria, que supo ganarse su cariño y que su recuerdo permanecerá con ellos para siempre.
Su madre y sus hermanas también ocuparon un lugar fundamental en su vida. Cada día luchaba para procurar su bienestar, esforzándose para que a su mamá nunca le faltara nada y para apoyar a sus hermanas y sobrinas en todo lo que estuviera a su alcance. Para Samira no existían imposibles cuando se trataba de su familia. Con los primos también era un ambiente. Siempre que se juntaban, se armaba la buena reunión para simplemente comer y tomar o para bailar aunque sea con una bocinita. El caso era estar en familia, sin importar las circunstancias.
Hoy, quienes tuvimos la fortuna de conocerla la recordaremos por su enorme corazón, su alegría contagiosa, su fortaleza, su espíritu libre y esa forma tan especial de vivir intensamente cada momento. Su ausencia deja un profundo vacío, pero su recuerdo permanecerá para siempre en la vida de todos aquellos que tuvieron el privilegio de compartir su camino.
Su familia:
MADRE: María de los Ángeles Valenzuela.
PADRE: Flavio Álvarez Cruz (†).
HERMANAS: Imelda Azucena Álvarez Valenzuela, Joseline Alejandra Valenzuela Valenzuela y Blanca Álvarez.
SOBRINAS Y SOBRINOS:
Blanca Guadalupe Diaz Alvarez
Yannetzy Arzola Alvarez
Odalis Aglae Arzola Alvarez
Sayuri Esmeralda Arozla Alvarez
Iker Caleb Enriquez Valenzuela
Cristian Alejandro Enriquez Valenzuela
Descansa en paz, Samira. Tu alegría, tu fuerza y tu amor permanecerán por siempre en nuestros corazones. ❤️
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Samira Yareth Alvarez Valenzuela
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