Camelia Ruiz
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A los 4 años de su partida al cielo, 6-30-2024
Cuatro años de vivir en otra morada , la celestial , la que Dios nos prometió.
Me haces mucha falta, Sammy, no lo puedo negar. Tu presencia en la casa , en la iglesia, en la familia, en mi vida, es inolvidable .
Dios ha sido bueno y me ha ido sanando , cambiando , restaurando en estos 4 años. Me ha llenado de retos que he tenido que enfrentar sola, pero tambien de favores y misericordias que no merezco . . (Enzo es uno de ellos , una bendición añadida a mi vida. )Todavía le falta a Dios , trabajar muchas cosas en mi , y en mis hijos , pero sé que será fiel en completarlas .
Me està usando en su obra , y me encanta hacerlo porque Él se lo merece.
Sammy , fuiste ejemplo de pasión , de entrega, de responsabilidad, de amor hacia Dios y a nosotros tu familia . Gracias por existir, por ser quien fuiste: mi amigo , mi novio, mi esposo y el amoroso padre de mis dos queridos hijos Te seguiré viendo en los gestos y parecidos de mis hijos contigo . ❤️
Nos veremos en el cielo! 👍🙏
Goodbye Bro!
Te fuiste muy pronto hermano Sammy, el Máster Jedi... es tiempo de reflexión acerca de la vida y el más allá... decía Benjamín Franklin que "la vida es un estado embrionario, es una preparación para vivir porque uno no ha nacido hasta que muere." En otras palabras hay que vivir la vida y "Ser todo ojos como los querubines" como decía San Eutemio el Grande y vivir una vida sobria y en paz delante del Señor. Solo pido Señor ten piedad de nosotros y aprendamos a vivir como vertebrados y no como invertebrados. Sammy fue ejemplo para muchos de nosotros, no fue perfecto, pero fue un buen cristiano que puso sus talentos al servicio del Señor. ¿Estas tú usando tus talentos para Dios o tu dios interior? Meditemos.
Krystel Casiano
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Un increíble ser humano ♥️
El día que tomé esta foto recuerdo que fue un domingo Día de las Madres en el 2015. Esto fue en la iglesia presbiteriana de Balboa en Mayagüez, donde mi suegro Sammy tocaba órgano. Es de mis fotos favoritas que tengo con él.
A Sammy siempre lo recuerdo como una persona bien cálida, curioso, gracioso y cariñoso. Siempre me recibía con un abrazo de oso, seguido por un “DTB hija”.
Aunque éramos de generaciones diferentes, algo que conectábamos mucho era la música. Hablábamos el mismo lenguaje: desde Frank Sinatra a Mozart o de REO Speedwagon a Yanni. En fin, que mucho me disfruté de aquellas conversaciones musicales con él.
Gracias por esos ratitos tan bonitos Sammy. Nos haces tremenda falta♥️
DM
Desirée Morales Ruiz
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Elegía
En su libro Uno, ninguno y cien mil, el autor Luigi Pirandello describe el “ser” de una manera interesante. Resumiendo su libro brevemente y de manera bastante superficial, el autor habla de que la versión que piensas como el “Tú” solamente existe para uno mismo, y ni siquiera uno verdaderamente sabe cómo describir esa versión. Cada persona que conoces, cada persona con la cual tienes una relación, o que simplemente te ve caminando por la calle, cada uno de ellos crea una versión de ese “Tú” en sus mentes. Tú no eres la misma persona para tus seres queridos que eres para tus compañeros de trabajo, ni para tus vecinos ni para tus amigos. El autor describe como existen miles de versiones de Ti vagando en la mentes de todas esas personas en tu vida. Un “Tú” existe en cada versión, y sin embargo, esa versión que es solamente tuya, al mismo tiempo no existe por completo.
Samuel Morales Candelario (mejor conocido como Sammy para muchos) tenía muchas versiones de sí mismo. Creyente, teólogo, predicador, líder, músico, dramaturgo, maestro, cómico, compañero, conocido, amigo, familiar, esposo, etc. Esas eran algunas de las cientos de versiones de él que vagaban en la mente de cada uno de nosotros. Ahora, no importa qué versión le tocó a que persona, él prácticamente era siempre descrito de la misma manera: alegre, carismático, dedicado, trabajador y humilde. Un hombre con una mente y un corazón mucho más grande que su propia existencia. Un pez grande en un estanque pequeño. En resumen, un gran ser humano. Sin embargo, aún con todas esas versiones de él caminando en la mente de todos, existe una que solo tres personas verdaderamente conocieron. Una que perdurará eternamente: Padre.
Mi padre era grande. En presencia y en carácter. Desde niño lo vi como un gigante. Sus pasos eran largos y su voz estruendosa, y aún de adulto, sus abrazos podían cubrirme completamente y su mirada hacerme sentir pequeño. Pero sus palabras siempre me inspiraban a crecer, a caminar derecho y ser mejor cada día. Confieso que a veces me irritaba cuando me hacía preguntas sobre mi vida que ya habían sido previamente contestadas, pero ahora me doy cuenta que lo más probable no era que su memoria estuviese fallando, si no que era su manera peculiar de mantenerme enfocado. Desde mi perspectiva, siempre pensé que mi padre vivía para dos cosas: para su familia y para su Dios. Su creencia siempre estuvo presente en cada palabra, y lo obligaban a mantenerse humilde. “Fuimos polvo…” recuerdo las veces que le recitaba a mi abuelo William cuando lo visitaba, y mi abuelo, con sonrisa en su rostro, siempre terminaba la frase con “…y al polvo volveremos.” Un humilde recuerdo de una herencia basada en respeto y devoción a algo más grande que a la vida misma.
Mi padre me enseñó que la cualidad más importante que un hombre puede poseer es el respeto, y la de un creyente la devoción. Respeto a la vida, al prójimo, al trabajo, a la familia, a uno mismo, y sobre todo a Dios. Me enseñó a qué humildemente tratara de ver la presencia y la mano de Dios en todo. “Dios está en la lluvia.” Una línea de “V for Vendetta”, una de las miles de películas que frecuentábamos mucho ya que era una de sus favoritas. En ésta se presenta a un héroe el cual sus creencias y su devoción a su causa eran más grandes que sí mismo y que, al concluir su misión, deja claro que su presencia física no importa, si no lo que importa es su legado. De cierta manera pienso que mi padre quería que viviese mi vida recordando que, al final de todo, no se trata de uno mismo, si no del ejemplo y del legado que uno deja gracias a las bendiciones que Dios da y quita, y a los valores que uno aprende gracias a esas bendiciones. Y solo cuando uno está claro y entiende por completo esa realidad, uno se vuelve como mi padre era en vida: Grande.
“Lo que hacemos en vida hace eco en la eternidad.” línea de Gladiator, la película que, hasta el Sol de hoy, creo que era su favorita. El ver películas es algo que, gracias a él, une fuertemente a mi familia. Sigue siendo nuestro pasatiempo favorito. Tanto que una de las frases frecuentes de mi madre es: “Ustedes siempre hablando de películas!” Ya que siempre nos encontrábamos recordando escenas y citando frases de nuestros filmes favoritos. Mala mía, Mami (jeje). Para mí y para mi hermana, las películas siempre han sido una manera entretenida de escapar de nuestras vidas cotidianas a mundos visualmente maravillosos con historias y personajes interesantes. Pero para mi padre, las películas significaban mucho más, significaban momentos donde todos en su núcleo eran uno. Donde cualquier diferencia entre nosotros, preocupación o estrés del día desaparecía, y solo quedaba un espacio de amor y de asombro por las escenas que transcurrían frente a nosotros, aunque ese espacio solamente durara un máximo de dos horas. Para mi padre, ese espacio significaba más que cualquier otro evento en su día y lo atesoraba fielmente. Ahora para mí y para mi familia, ese espacio siempre hará eco en nuestra eternidad.
Mi padre murió. Su muerte no es parte de un libro sobre la existencia humana, ni una escena triste en una película épica sobre gladiadores y héroes enmascarados. Doloroso por demás, es la realidad que hay que aceptar. Si su partida es justa o si se fue muy pronto, eso no lo sé. Pero lo que sé es que ya nada de eso importa. Lo que sí importa es lo que mi padre en vida sembró, cosechó, y lo que dio frutos. Su legado hará eco siempre, y no importa qué versión de mi padre les tocó, si fue la de conocido o la de hermano, la de predicador o la de compañero de trabajo, estoy seguro que fue una versión que, aún si fue centésima en tamaño, esa versión logró un cambio. Y ahora, humildemente les pido que, luego de lamentar su partida, celebremos juntos ese legado y demos gracias a Dios porque, además de la vida eterna, nos otorgó otro gran regalo: una versión de mi Papá. Gracias y que Dios los bendiga.
Con mucho amor,
Su Hijo